Acampada de luna de miel en el sur
No queremos un hotel con vista al mar.
Queremos la carpa, el frío de la mañana, el lago quieto antes de que salga el sol. La humedad, el olor a tierra mojada. Los árboles tan altos que no se ve el cielo del todo.
Queremos despertarnos sin alarma, prender la moka italiana, esperar ese sonido, ese olor. Unos huevitos coliumo revueltos mientras el sol empieza a calentar justo lo necesario, sin exagerar. Escuchar los pájaros.
Escuchar a la Tanchi nombrar los pájaros y los árboles como si los fuera presentando uno a uno, con esa alegría que el sur le despierta siempre.
El sur tiene esa magia que no se reproduce en ningún otro lado. Nosotros lo sabemos porque lo llevamos adentro. Y queremos empezar esta nueva etapa exactamente ahí, en el lugar donde todo se pone en perspectiva.
Con montañas, con lago, con el calor justo y con todo el tiempo del mundo.